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El juicio de divorcio en el Código Civil y Comercial de la República Argentina

 

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El profesor Jorge L. Kielmanovich relató que la Ley 26.994 y el decreto 1795/2014 han promulgado el Código Civil y Comercial de la República Argentina. “Estamos hablando de un Código, no de un proyecto, por más que el Código vaya a regir a partir del 1º de enero de 2016”, remarcó. En cuanto al Código, señaló que incorpora una serie de reformas en materia de divorcio, de modo que simplifica la duración del trámite de divorcio; sin embargo, esto no significa que los conflictos se solucionen o que el conflicto queda desterrado del ámbito del proceso de familia de divorcio. En materia de personería, se interpreta que para promover la demanda de divorcio se requiere poder general. “El artículo 1881 del Código Civil no exige poder especial para la promoción de la demanda de divorcio”, subrayó. Así, indicó que el nuevo Código, en el artículo 375, requiere poder especial o poder general con facultad especial para peticionar el divorcio.

Emanaciones indeseadas: ordenaron a la accionada desmantelar y poner fuera de uso una chimenea

Articulo de Diario Judicial:

En  los autos “V., R. A. y otro c/ N., A. M. s/ acciones art. 15 de la ley 13.512”, los jueces de la Sala “J” de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil de la Capital Federal confirmaron la sentencia y, en consecuencia, ordenaron a la accionada desmantelar y poner fuera de uso una chimenea que provoca emanaciones de humo o gases de combustión. Asimismo, se condenó a abonar la suma de $18.000 pesos en concepto de daño moral.

¿Hace cuanto que no hechas un buen vistazo a un artículo jurídico?

Articulo de contencioso.es.

Confieso que soy un devorador de libros jurídicos en el sentido de pastar por las librerías en busca de presas, de abalanzarme sobre varias a la vez, de despedazar la capturada y masticarla o rumiarla mentalmente.

Sin embargo, en los últimos años me siento como un viejo león que comienzo a dejar pasar los antílopes de las revistas especializadas, a esperar tumbado las reseñas académicas, a rugir en blogs leer las revistas de derecho público, a aparcar las suscripciones de las revistas y a visitar las librerías jurídicas para salir anonadado ante el enorme rebaño de libros sobre temas trillados, anodinos o inútiles, pese a que el tiempo disponible para el jurista ha de administrarse exquisitamente y emplearse en unos pocos.

Y es que, creo que los juristas en general leemos muy poco. 

1. Permítaseme unas generalizaciones con un punto de frivolidad.

Los académicos leen mucho pero dentro de su especialidad y se produce lo que decía Bernard Shaw sobre un profesor alemán que había escrito el libro mas denso y documentado sobre él: “El doctor Fulano de Tal lo sabe todo, pero es lo único que sabe”.

Los jueces se han convertido en pescadores de jurisprudencia con que reforzar las redes de su argumentación en las sentencias. Hay que poner sentencias a destajo, hay que leer infinidad de folios y sopesar pruebas, y portear autos del trabajo al hogar y viceversa, y no están los tiempos disponibles para la lírica de leer doctrina, siguiendo el consejo de la frase atribuida a Hobbes, “Primum vivere, deinde philosophare” (primero vivir, luego filosofar, o sea, primero la obligación, después la devoción). Por eso, los libros doctrinales en las mesas de despacho de los jueces son como los oasis en el desierto de Gobi: tan escasos como utilísimos.imposiiblidad leer

Los abogados suelen emplearse a fondo en el caso que les ocupa en cada momento, ámbito en el que no vacilan en profundizar y comprar o leer publicaciones especializadas (ya se repercutirá su coste al cliente), pero descuidan la lectura de doctrina o manuales generales. No importan los conceptos ni los sistemas, ni los protocolos médicos o conocer los intríngulis del sistema hospitalario, sino atajar la herida del litigio con torniquetes de urgencia.

2. El resultado es que acudir a una librería jurídica comienza a parecer una visita a un museo, donde se miran las piezas con atención decreciente para salir por la zona del bazar y no comprar nada o llevarse el equivalente a una postal o camiseta. Comienza a estilarse más el barrido virtual por la red y si se encuentran respuestas, pues se ahorra dinero, tiempo y espacio en la biblioteca.